viernes, 8 de mayo de 2009

NUEVA LEY DE SERVICIOS AUDIOVISUALES vs. ESTO


En un país de opinólogos, esta modesta subespectadora, quien ostenta su condición de no adscripta a ningún sistema de televisión por cable ni Mandinga que se le parezca, se propone hacer el balance de lo que no vio por TV durante 2007, 2008 … ni piensa ver en 2009 .
Como los más reconocidos columnistas gráficos, radiales y televisivos del ámbito nacional, continental y global (global, en la más pura acepción leóngiecana) va a hablar de lo que no sabe… o que se hace que no sabe…


- ¡Vieja! ¿Cuándo vamos a tener cable? - , proferían guturalmente durante años mis hijos, siempre como inquisición previa a mí contundente, categórico e inexorable:
- ¡Nunca! ¡Para la basura que hay para ver…!
Y en estos años más que nunca ese conjuro demostró estar más cerca de la comprobación científica que del delirio místico antiimperialista y antimediático que siempre me endilgaron.
No con poco beneplácito he comprobado que a falta de cable, pero con el Hada Madrina Banda Ancha a mi favor, han podido constatar la existencia de ese trasfondo megaeconómico, oligarcopresente, narcofinanciado, anticulturizante y aartístico (si con dos «a», la primera «a» , la inicial, como prefijo de carencia, privación o negación).
Todo comenzó con los googleos de costumbre (como ven estoy en una crisis aguda de neologismos), poniendo en el buscador los nombres de esas Empresas Productoras Televisivas, que por obra del Cielo o del Infierno , se tornan Todopoderosas y pasan a ocupar/fascinar/hipnotizar los ojos/mentes de millones de personas. Dicho proceso, esotérico sin lugar a dudas, consiste en atraparlos para hacerlos ver a otra gente protagonizando conventillo más que bailando, dejando escapar implantes mamarios más que patinando o duchándose ante cámaras más que demostrando alguna formación artística válida de ser exhibida.
De dicho hallazgo en el cyberespacio, estos empresarios, quienes parecieran estar o en el rango de los que si los mandás a espiar tocan timbre o el de los que roban con todo descaro un chupetín a un niño, demuestran que, tanto en la Empresa que comandan como en la Fundación que disfrazan, los integrantes son los mismos. Es decir, se maquillan para salir en cámaras y también maquillan los balances.
Y no sólo ésto, como personaje que se pone el helado en la frente o el peor de los sádicos burlándose de alguien de poco entendimiento , muestran sin empacho que, nacidas desde su propia área de Prensa, todas las apariciones de sus productos en otros medios son armadas, orquestadas, pergeñadas, propinadas y ametralladas desde sus propias oficinas. Nadie les hace notas, ellos compran espacios gráficos para publicar entrevistas armadas por ellos mismos; nadie les hace producciones fotográficas, ellos mismos, en un onanismo pseudo profesional, se sacan fotos a sí mismos y las publican; nadie los menciona en los programas de chismes porque los admiren, compran los minutos de aire y acrecientan con ello el fenómeno esotérico antes descripto.
Así, el pobre ciudadano crítico ya extinto que dio paso al consumidor compulsivo y espectador lobotomizado, además de comprar todos los productos publicitados por los auspiciantes de estos mercaderes del mal gusto, sueña con estar alguna vez entre los Elegidos, entre los Llamados por El, el Supremo Señor de los Medios de Incomunicación.
Y a veces lo logran, patinando por un gran hermano que alimente voyeurs, bailando por un gran ruso que los prostituya, cantando por un escándalo que se concretará ventilando videos íntimos o participando en concursos de humor burdo que les hará creer a los bufones que se consagraron como grandes comediantes.
- ¡Vieja! ¿Cuándo vamos a tener cable?
- ¡Nunca! ¡Para la basura que hay para ver…!


Graciela Gutiérrez


N.MDA: Este artículo fue escrito a fines de 2007 y hoy levemente aggiornado. En aquel entonces su publicación fue en otro medio digital, con el titulo «PATINANDO POR UN GRAN HERMANO ( léase PROSTITUYENDOSE POR UN SUEÑO )». Hoy lo releo, lo refrito también un poco, y veo que no necesita demasiados cambios, lamentablemente...

2 comentarios:

Claudio Uribe dijo...

Hay, sin embargo, Graciela, muchos espacios televisivos que disfrutar. Dentro de la selva ramplona y salvaje nacen pequeñas orquídeas en busca de luz.

Muchos programas del canal Encuentro, por ejemplo, son dignos de seguir. Alterados por Pi, de Adrián Paenza o Proyecto G de Diego Golombek me parecen insuperables.

Podría escrutar minuciosamente la grilla para encontrar, dentro de la basura diaria otras perlas, que las hay.

Es cierto, no se puede mirar televisión sin criterio. Pero eso también es cierto para toda otra actividad que emprendamos. Nada que ocupe tanto tiempo de nuestras vidas puede hacerse sin criterio.

La dificultad es que, como vos bien anotás en tu lista, la desculturización, la carencia de arte y la tendencia hegemónica de los medios no permiten que nos veamos metidos dentro de esa vorágine. Lentamente nos van comiendo el coco.

Pero como con la literatura, internet, la radio, la política, las noticias, las chauchas y los rabanitos, debemos elegir con criterio. El criterio, claro, no se obtiene de un día para otro. Para formarlo hace falta educación y libertad.

MDA CULTURAL dijo...

Indudables las recomendaciones que aportás, Claudio; acrecentadas porque, de a poco, muchos de los mejores espacios de Canal Encuentro los replica Canal 7, en una práctica democratizante para quienes no tienen acceso al cable.

En este artículo, que como aclaré fue escrito a fines del 2007, centralmente apunto los cañones a los grandes popes que todos conocemos (tomo la precaución de no nombrarlos), los que hacen 46 puntos de rating, los que compran espacios disfrazándolos de reportajes ( PNT en sus peores y desleales versiones )y demás adormecedores que, como vos escribis en el cierre, desde la educación estamos trantando de desenmascarar.

Pero ello, dejará de ser una gota de agua dulce en un océano sólo con una nueva ley de medios que baraje el juego de manera más equilibrada.Creo que en eso, también coincidimos.

Gracias por tu visita, Claudio.